Pedro González

Educación financiera

La información proporcionada sobre finanzas e inversiones tiene un propósito exclusivamente informativo y no constituye asesoramiento financiero. Las inversiones conllevan riesgos y los resultados pasados no garantizan rendimientos futuros. Se recomienda realizar una investigación exhaustiva y buscar el asesoramiento de un profesional antes de tomar decisiones de inversión. La responsabilidad recae en el lector, quien asume los riesgos asociados con sus propias decisiones financieras.

EL IMPACTO DE LA DEUDA

La sociedad de consumo en la que vivimos nos bombardea continuamente con anuncios de cientos de productos de todo tipo, lo que nos lleva a menudo a consumir por consumir. Podemos llegar a tirar de tarjeta de crédito o pedir todo tipo de préstamos como si no hubiera un mañana, y sobre endeudarnos continuamente. Esta práctica en un principio puede parecer atractiva, ya que nos permite acceder ahora a productos y servicios que de otro modo no podríamos disfrutar hasta un futuro más o menos lejano. En esta sociedad parece ser que cada vez lo queremos todo casi de inmediato, dejando de lado la paciencia (gran sabia ella).

Pero vayamos por partes; endeudarse puede ser una opción necesaria en algunas circunstancias, como para adquirir bienes o servicios de coste elevado que de otro modo serían inalcanzables, como, por ejemplo:

  • Para la comprar una vivienda, teniendo en cuenta que adquirimos una deuda a muy largo plazo, lo que hace totalmente necesario que sea una cantidad de deuda asumible, para hacer frente a los pagos mensuales. Compararemos diferentes ofertas de préstamos, con el fin de elegir el que tenga el interés más bajo y las condiciones más favorables. Hemos de tener especial cuidado con la letra pequeña, ya que las entidades suelen bajar el tipo de interés si hacemos vinculaciones con ellas, como por ejemplo traer nuestra nómina, o contratar seguros, fondos de inversión, etc. Y esto puede que no sea lo más adecuado para nosotros, pues a la larga lo que parecía un descuento se convierte en un recargo y lastra nuestras finanzas. En general, se recomienda que la cuota mensual de la hipoteca no supere entre el 30% y el 40% de nuestros ingresos netos mensuales.
  • Para la compra de un automóvil. La forma más económica de comprar un automóvil es al contado, pero lógicamente al precio que están es probable que tengamos que optar por un préstamo, especialmente si es un modelo nuevo. Mucho más económico será uno de segunda mano (eso sí, es mejor comprarlo con garantía).

Para no endeudarnos por encima de lo que podamos asumir, tenemos que comprar un automóvil acorde con nuestra situación económica y con nuestras necesidades reales: no nos dejemos “llevar” por el coche que tiene el vecino/a o cuñado/a. Cuanto más potente y premium sea el vehículo, no sólo será más cara su compra, sino el seguro, mantenimiento y seguramente el consumo. Debemos considerar detenidamente la financiación que nos ofrece la financiera de la marca, ya que suele proponernos descuentos, pero puede salir más caro por los intereses mucho más altos que los de nuestro banco, llegando incluso a doblar el interés anual.

  • Para la inversión en nosotros mismos: ampliar nuestra formación puede ser fundamental para mejorar nuestra carrera laboral. Este tipo de inversión no sólo suele ser una buena inversión, sino que seguramente sea la mejor que podamos hacer.
  • Para emprender o consolidar un negocio.Cuando queremos emprender un negocio o ampliar y expandir el que tenemos, esta deuda tenemos que verla como una inversión con rentabilidades superiores a futuro, pues suele implicar unos costos considerables, y no nos queda otra que recurrir a préstamos para poder financiarla.

* En cualquier caso, cualquier deuda que tomemos y nos proporcione rentabilidades superiores al nominal más intereses de dicha deuda, la podremos denominar deuda buena y atractiva.

Como anécdota, quiero comentar que cuando fui a firmar la hipoteca en el año 2003, con una caja de ahorros, no solo no me preguntaron si trabajaba, sino que además me insistieron si no quería pedir más hipoteca para amueblar el piso y/o comprarme un coche nuevo, prácticamente sin importar la cantidad (¡qué barbaridad, toma educación financiera!). Evidentemente, dije que no y les hice una mueca con el hombro como diciendo que si estaban locos. Desgraciadamente, un compañero de trabajo sí aceptó una oferta parecida, y se compró un coche de alta gama (incluido en el préstamo hipotecario a 30 años); al principio le iba más o menos bien, pero cuando llevaba un año con él, ya estaba buscando como loco un seguro más económico y las ruedas, como se suele decir, en los alambres (un neumático de su coche costaba prácticamente los cuatro del mío). Pero lo peor llegó en 2010, cuando se quedó sin trabajo, con una hipoteca de 1.100 euros y prácticamente cero euros de ahorro. Se fue a vivir con su madre y puso la vivienda en venta, coincidiendo con uno de los peores momentos para hacerlo, ya que el precio de su vivienda había bajado prácticamente un 40%. De hecho, hoy en día aún no se han recuperado los precios de los pisos en la zona. Hace unos ocho años que perdimos el contacto y no sé qué tal le irá actualmente, espero que bien en todos los aspectos de la vida.

Desconozco si a principios de los 2000 los bancos se guiaban entre otros factores por la ratio de deuda por ingresos, para conceder préstamos hipotecarios; lo que está claro es que la Caja de Ahorros con la que firmé la hipoteca desde luego que no.

Teniendo en cuenta que el nivel de deuda adecuado es aquel que podemos afrontar sin problemas con nuestros ingresos, el Banco de España recomienda que la capacidad de endeudamiento no supere entre el 35 y 40% de éstos. Si superamos esta ratio, actualmente una entidad financiera responsable y bien gestionada no debería concedernos un préstamo o hipoteca.

Veamos en el siguiente cuadro cómo se mide nuestra capacidad de endeudamiento, para hacernos una idea de hasta dónde podríamos llegar para no entrar en el peligro de sobre endeudamiento.

Según la fórmula anterior, si tenemos unos ingresos de 3.000 euros al mes y nuestros gastos son de 2.100, la capacidad máxima de endeudamiento debería ser de 315 euros al mes, aplicando el coeficiente máximo del 35%, o de 360 euros si aplicamos el 40%.

Muy importante antes de adquirir deudas de cierto nivel es disponer de algunos ahorros a modo de colchón financiero, por los imprevistos que pudieran surgir. Podéis leer un artículo al respecto sobre el colchón financiero .(ver artículo abajo final)

Aunque en España existe la tendencia a comprar la vivienda como la mejor opción (al menos lo era en generaciones anteriores), el alquiler es una alternativa igual de válida que la compra, y seguramente en muchas situaciones sea más beneficiosa. Se me ocurren, entre otras, las siguientes razones:

  • No tener que realizar un desembolso de dinero tan grande al principio, como el que se debe realizar en la compra.
  • No atarse a un préstamo hipotecario con un banco, endeudándose durante 25 o 30 años.
  • Si las necesidades de tipo de vivienda cambian, por cualquier razón, se puede dejar el alquiler actual y alquilar en otro sitio.
  • Encontrar un alquiler más económico.
  • Promocionar profesionalmente y tener que mudarse a otro lugar.
  • Dedicar el dinero que te ahorras de una entrada de un piso a la inversión, tratando de recibir una rentabilidad mayor que la inflación.

En última instancia, la decisión de vivir de alquiler o como propietario depende de las circunstancias personales de cada uno.

* Otro tipo de deuda es la que puede convertirse en una carga financiera, afectando negativamente a nuestra situación económica, incluso de por vida: a ésta la llamaremos deuda mala, como, por ejemplo:

  • Las deudas generadas por tarjetas de crédito, cuando no tienen la modalidad de pago único del saldo completo cada mes. Estas tarjetas, utilizándolas con pagos aplazados, tienen unos intereses altísimos que se van aplicando al saldo restante. Si se usan sistemáticamente, podemos sobrepasar el crédito que tenemos establecido, cobrándonos comisiones e intereses que en ocasiones llegan al 20% anual o más.
  • Con tarjetas de crédito tipo revolving empeoramos la situación. En esta modalidad, las compras o las disposiciones de efectivo quedan todas aplazadas de forma automática. Cuando devolvemos sólo el mínimo requerido por el banco a fin de mes, estamos generando deudas que tardaremos años, o incluso más de una década en pagar, a unos intereses superiores al 20% anual (algo extremadamente caro). Esto con el tiempo quizá nos llevará a impagos, empeorando cada vez más la situación y provocando que no salgamos nunca del bucle de la deuda.
  • Préstamos para irnos de vacaciones. Pedir un préstamo con devolución en uno o varios años, al elevado interés actual, para irnos unas semanas de vacaciones es otra mala decisión financiera que puede ocasionarnos pasar dificultades durante los meses siguientes, hasta la amortización del préstamo. Si lo pusiéramos con garantía hipotecaria, todavía agravaríamos más la situación, al correr el riesgo de perder la vivienda por incumplimiento de pago.
  • Endeudarnos para la compra de una casa, automóvil o producto que esté por encima de nuestras posibilidades. Es más conveniente comprar una casa acorde con nuestras posibilidades, un coche acorde con nuestras posibilidades y necesidades, no intentar vivir por encima de ellas por envidia, apariencia, etc.
  • No endeudarnos para juegos de azar, loterías, casinos, apuestas, etc., en definitiva, para cualquier actividad de tipo lúdico. Si al final nos enganchamos a ellas, ¡¡sin duda es mucho mejor endeudarse para pedir ayuda para desintoxicarnos!!
  • No endeudarnos de nuevo para pagar las antiguas deudas: si al final acabamos con la línea de crédito de nuestra tarjeta o tarjetas, no es buena idea pagar esta deuda generando nuevas deudas.

Como conclusión, os aconsejamos intentar no endeudaros en cosas que realmente no necesitéis y os hagan llegar a tener problemas para afrontar los pagos. Debemos tener en cuenta que el sobreendeudamiento provoca que perdamos lo que tenemos, ¡y hasta lo que no tenemos!; en el argot popular: perder hasta la camisa.

Esta mala práctica financiera no solo nos afecta a nosotros, sino a nuestra familia y a nuestros seres queridos.

Siempre os recuerdo que todo lo escrito aquí es mi opinión y en ningún caso son más que ideas, pero no recomendaciones de que lo tenéis que hacer con vuestras finanzas. Debéis sacar vuestras propias conclusiones y/o poneros en manos de un asesor profesional.

Depósitos bancarios

Queridos lectores, en este artículo hablaremos de los depósitos bancarios: debido a las subidas de los tipos de interés protagonizadas por los Bancos Centrales durante los últimos meses vuelven a tener sentido, especialmente los depósitos a plazo, los cuales ofrecen las mejores opciones de rentabilidad, especialmente a través de la banca online. Comentaremos levemente los fondos monetarios, pues hablaremos con más detalle de ellos cuando entremos en el amplio mundo de los fondos de inversión.

Comencemos por los depósitos:

Los depósitos se pueden definir como instrumentos financieros ofrecidos por los bancos, destinados a brindarnos la posibilidad de resguardar nuestro dinero de manera segura y líquida. Se consideran seguros debido a la garantía proporcionada por el Fondo de garantía de depósitos (FGD), y líquidos, puesto que permiten un acceso inmediato, en el caso de depósitos a la vista, y en aproximadamente veinticuatro horas, en el caso de depósitos a plazo.

Destacamos fundamentalmente la clasificación en dos tipos principales: los depósitos a la vista y los depósitos a plazo fijo, también conocidos como plazo fijo. Estos últimos representan una de las opciones financieras más seguras para resguardar fondos, ya que se mantienen inmunes a las variaciones tanto positivas como negativas que pueden afectar a otras formas de inversión. Aunque algunas instituciones financieras los consideran inversiones, personalmente prefiero no incluir los depósitos a plazo en esta categoría; desde mi perspectiva, estos depósitos esencialmente representan los fondos que prestamos al banco, convirtiéndose en parte integral de su balance financiero.

Hay que recordar que el FGD no cubre otros instrumentos financieros como acciones, bonos, fondos de inversión u otro tipo de inversión: solamente los depósitos en efectivo realizados en entidades financieras que estén cubiertas por el propio FGD.

Comentemos los dos tipos más comunes de depósitos que debemos entender y tener en cuenta:

Pasemos a comentar los depósitos a la vista:

  • Cuentas corrientes y cuentas corrientes remuneradas:

Son las cuentas a la vista más comunes que utilizamos para nuestras transacciones; en definitiva, más coloquialmente, para nuestro uso diario del dinero. En ellas domiciliamos nuestra nómina o pensión, los recibos que tenemos que pagar, nuestros pagos por suscripciones, pagamos nuestra hipoteca o alquiler, tenemos nuestras tarjetas de débito y/o crédito, hacemos transferencias, etc…

Actualmente (recordar que cuando escribo este artículo es verano del 2023), en los bancos tradicionales, a excepción de alguna cuenta online de éstos, el interés que nos ofrecen por nuestro dinero es cero, pese a llegar en este momento los tipos de interés que nos prestan al 4%. Podemos encontrar cuentas remuneradas online en bancos medianos o en financieras que sobrepasan el 2% (TAE); es conveniente investigar quién nos ofrece algún tipo de interés por depositar nuestro dinero, ya que, aunque seguramente no batiremos la inflación, al menos paliaremos algo sus efectos.

  • Cuentas de ahorro:

Algunas entidades tienen un producto financiero que denominan cuentas de ahorro, que normalmente son exactamente iguales que las cuentas corrientes, o casi, y cuentas corrientes remuneradas. Se podría decir que nos invitan a ahorrar periódicamente, y a veces se obtiene un pequeño rendimiento por mantener nuestro dinero en ellas, pagadero mensualmente, lo que en definitiva es igual a las cuentas remuneradas.

Algún tipo de cuenta de ahorro no nos permite domiciliar nómina ni recibos, incluso tampoco asignar una tarjera de débito o crédito: de ahí que nos invite a ahorrar.

Pasemos ahora a comentar los depósitos a plazo:

Este tipo de producto bancario conlleva un compromiso con el banco que consiste en mantener el dinero durante un determinado tiempo, pactado previamente. Como contrapartida, el banco te da un rendimiento, según el tipo de interés, normalmente al finalizar el plazo pactado. Es decir, es cuando recuperamos el capital que dedicamos al depósito más un dinero extra, según tipo de interés pactado.

Como característica muy importante a tener en cuenta, aunque hayamos pactado un tiempo determinado, lo más seguro es que podamos recuperar el capital antes vencer el mismo (imprescindible que nos expliquen todas las condiciones, antes de firmar nada). Si cancelamos antes del plazo, recibiremos una penalización que nos puede conllevar la pérdida de parte de los intereses o los intereses completos. Lo que nunca debemos de perder es parte del capital invertido en el depósito. Si un banco no nos diera la opción de rescatar el capital íntegramente antes de tiempo, no me plantearía contratar el producto con él.

Para entenderlo de otra manera: este depósito a plazo es como una cantidad que prestamos al banco por un tiempo determinado.

Los depósitos a plazo suelen abarcar desde los tres meses hasta los tres años como plazo más común.

Llegada la fecha del vencimiento puede pasar que:

  1. nos ingresen en nuestra cuenta el capital aportado más los intereses producidos
  2. nos ingresen los intereses producidos en cuenta y el capital aportado se renueve de nuevo automáticamente por el mismo plazo, si bien que no tiene por qué ser con el mismo tipo de interés.

Por supuesto, siempre debemos tener claro lo que contratamos, es decir, si tenemos la mínima duda de las condiciones, siempre hay que preguntar. Es crucial no quedarnos con ninguna duda.

Durante algunos años los depósitos a plazo no han existido, o los que había no generaban ningún tipo de interés (intereses a cero). Esto era debido a que las políticas expansivas de los bancos centrales mantuvieron el tipo de interés casi a cero, luego a cero, y por último llegó a estar negativo.

De nuevo aparece el atractivo de estos productos financieros para el ahorrador, al haber subido tan rápidamente los tipos de interés en los últimos meses; en verano del 2023 superan el 4% en Europa, y en Estados Unidos, el 5% (cuando se esté leyendo este artículo, los tipos pueden haber variado de nuevo).

Todavía recuerdo, hace ya más de una década, que, al contratar depósitos a plazo de cierta cantidad, en algunas entidades financieras te pagaban los intereses con cubertería, vajillas y cacharros varios. Como anécdota he de decir que yo no sólo jamás contraté dichos depósitos con semejantes condiciones, si no que huía de cualquier sucursal bancaria que tuviera pegado en su escaparate un mural publicitando dicha mandanga.

Para terminar con los depósitos, decir que al menos actualmente, para poder ahorrar hasta por lo menos alcanzar el colchón financiero (ver abajo el artículo anterior) que nos hayamos propuesto, es un producto que proporciona un pequeño interés, aunque no batamos la inflación (en mi humilde opinión, que nunca se puede interpretar como una recomendación).

Fondos monetarios

Otro producto bancario diferente a los depósitos son los fondos monetarios, que comentamos muy por encima en esta ocasión, ya que pueden ser atractivos en estos momentos de tipos más altos de interés. Ya hablaremos en mayor profundidad de ellos, cuando hablemos de inversión.

Los fondos monetarios son productos de inversión de bajo riesgo (si bien no están exentos de él), y alta liquidez. Estos fondos invierten en instrumentos financieros de corto plazo, como letras del gobierno, instrumentos del mercado monetario y depósitos bancarios a corto plazo. Su objetivo principal es preservar el capital y generar algo de rendimiento a través de esa clase de inversiones conservadoras. Van a dar unos rendimientos acordes a los tipos de interés.

Una característica muy importante de ellos es que los gastos asociados a los mismos (de gestión, y cualquier gasto operativo), tienen que ser mínimos, ya que repercuten bastante en la rentabilidad que podamos obtener.

Importantísimo: si los tipos de interés de los bancos centrales son menores que los gastos operativos del fondo, perderemos dinero: aún con riesgo bajo se puede perder dinero.

Como resumen, para terminar, diremos que las cuentas remuneradas y los depósitos a plazo son una forma segura de mantener nuestro colchón financiero y que debemos de tener en cuenta cómo la inflación va a reducir el valor real de nuestro colchón financiero con el tiempo (más rápidamente de lo que creemos). Por ello, yo cada dos años aproximadamente, intento incrementarlo con relación a la inflación sufrida, si me es posible. En el momento de escribir estas líneas, el BCE (Banco Central Europeo) impone el tipo de interés al 3,75%: debido a ello hay entidades financieras que remuneran sus cuentas corrientes y los depósitos a diferentes plazos; alguno de ellos llega a ofrecer hasta un 4% TAE. Así que, si la entidad financiera con la que trabajamos no nos ofrece esta rentabilidad, ¡quizá ha llegado el momento de cambiar de entidad financiera!

Contratemos lo que contratemos, es prioritario conocer el producto que vayamos a contratar con el banco: para ello no tenemos que escatimar en preguntas hasta comprender todas las condiciones. De lo contrario, mejor no contratar lo que nos ofrezcan.

En los siguientes artículos veremos que una vez que tengamos nuestros colchones (de emergencia y de liquidez), para que nuestro patrimonio pueda verse incrementado por encima de la inflación, o al menos igualarla, disponemos de un mundo inmenso de productos de inversión, con mayor o menor riesgo y posible rentabilidad. El dinero para estos depósitos nunca debe proceder de los colchones financieros.

Antes de meternos en este mundo, en el siguiente artículo hablaremos de la deuda, un factor fundamental puede destruir nuestra salud financiera e impedirnos llegar a tener la tranquilidad de disponer de los colchones comentados anteriormente.

Lo dicho en el presente artículo no son recomendaciones de inversión, sino simples opiniones para crear una cultura financiera; cada persona debe de ser consciente de en qué invierte, y los riesgos que conlleva, como las posibles pérdidas parciales o totales del capital invertido.

Un saludo y nos vemos pronto.

Colchón de emergencia y colchón de imprevistos diarios

Estimados lectores,

Como apasionado de la educación financiera, a partir de ahora comienzo a coger el hábito de escribir una serie de artículos sobre este tema, ya que lo considero muy importante y relevante en nuestras vidas, partiendo de mi propia experiencia y mi punto de vista. Teniendo en cuenta su carácter meramente de entretenimiento, en ningún caso serán consejos de inversión, sino información de los diferentes productos financieros disponibles a nuestro alcance. Espero que los artículos sean de vuestro interés y aporten valor.

La educación financiera es un tema que, desafortunadamente, ha sido relegado a un segundo plano en muchos ámbitos, especialmente en el ámbito educativo. Sin embargo, considero que es fundamental para el bienestar económico y la estabilidad de cada individuo. Todos tenemos metas y sueños que queremos alcanzar, y tener un conocimiento y un control sobre cómo administrar nuestro dinero es el primer paso para convertir esas metas en realidad.

Quiero comenzar abordando un tema crucial: el ahorro.

El ahorro es la base de cualquier estrategia financiera exitosa. Lógicamente dependerá en gran medida de nuestros ingresos, pero cada uno con nuestras posibilidades deberíamos tener el hábito de ahorrar poco a poco y durante años, para que junto con la inversión se vean los frutos. Ese ahorro nos puede salvar del sobreendeudamiento en épocas de vacas flacas. Con el ahorro conseguiremos crear el colchón financiero necesario para vivir y dormir más tranquilos.

Sobre el colchón financiero se ha hablado largo y tendido (de cuántos euros, donde lo guardamos, etc…). Vayamos por partes. En primer lugar, a mi entender sería conveniente disponer de dos colchones:

  • El colchón de emergencia
  • El colchón de imprevistos diarios

El colchón de emergencia es un fondo reservado para situaciones inesperadas o crisis económicas. Todos estamos expuestos a imprevistos, como gastos médicos inesperados o pérdida del empleo. Contar con un colchón de emergencia nos brinda la tranquilidad de saber que tenemos un respaldo financiero ante cualquier circunstancia adversa que provoque una merma de nuestros ingresos o incluso la pérdida de ellos. Debemos tener en cuenta que sólo haremos uso de él en el caso de necesitarlo para poder llegar a fin de mes, si la merma de los ingresos nos impide poder hacerlo. Nunca se debería utilizar para averías de electrodomésticos, automóviles, viajes etc. Para esas situaciones tendremos el colchón de imprevistos diarios, y para otras situaciones (como veremos más adelante), sin la necesidad de tener que endeudarnos con un préstamo. Y mucho menos hoy en día, con los tipos de interés altos, ni tampoco tendríamos que mermar el colchón de emergencia por estos motivos.

Por otro lado, el colchón de imprevistos diarios además se puede utilizar para invertir en nuestro crecimiento personal para obtener mejoras laborales, como hacer cursos, algún máster, etc. Contar con un colchón de liquidez nos permite tomar decisiones financieras más exitosas en momentos puntuales; en definitiva, nos prepara para aprovechar las oportunidades que puedan surgir.

Una vez llegado a este punto, estamos en el meollo de la cuestión que es: ¿Cómo y de cuánto dinero construimos el colchón de emergencia en primer lugar? Para ello se debería tener en cuenta varios aspectos como:

  1. Evaluar nuestros ingresos y gastos: El primer paso para construir un colchón de emergencia es comprender nuestra situación financiera actual. Analiza tus ingresos mensuales y tus gastos regulares. Esto te ayudará a determinar cuánto puedes destinar para construir y mantener tu colchón de emergencia.
  1. Definir cuánto dinero deseas tener en tu colchón de emergencia: Los expertos financieros recomiendan ahorrar de tres a seis meses de gastos básicos, aunque esto a mí personalmente me parece mucho generalizar. Se debe tener en cuenta la propia situación familiar, el tipo de trabajo, el nivel de formación profesional y, muy importante, la edad.

Tres meses de gastos como colchón de seguridad se me antoja escaso incluso para alguien joven y bien formado profesionalmente; yo me inclino más por tener los gastos de seis meses a un año en dicho colchón. Y si ya se adentra uno en la cincuentena, el colchón para poder estar al menos más tranquilo tendría que alcanzar la cantidad que cubriera los gastos de dieciocho meses a dos años (todos sabemos lo que cuesta encontrar trabajo llegados los cincuenta).

Una vez que tengamos claro la cantidad de nuestro colchón, definiremos un plan de ahorro realista y alcanzable. Decidiremos cuánto dinero podemos destinar mensualmente al colchón de emergencia y estableceremos un presupuesto que nos permita lograr ese objetivo en un plazo razonable. Si los ingresos son más bajos, es posible que debamos ajustar el plan de ahorro y establecer metas a más largo plazo. Algo que puede ser razonable es destinar entre el 10 y el 20% de los ingresos mensuales hasta alcanzar la meta. Aunque lo importante si estamos muy apretados es destinar algo, tanto si son treinta euros al mes como sin son cien, y si en algún momento puntual se puede destinar más, aprovechar dicho momento e incrementar la cantidad con una aportación extra.

Es muy importante que cuanto antes empecemos, mejor. Yo animaría a ahorrar desde la primera nómina. Y si eres joven y aún vives con tus padres, normalmente te libras de pagar vivienda y suministros, así que puedes destinar más ahorro mensual para tu colchón de emergencia, y así lograrlo mucho más rápido.

Construir un colchón de emergencia lleva tiempo y disciplina, de ahí la importancia de que sea realista. Lo importante para conseguirlo es crear el hábito de ahorrar.

Una vez que se haya alcanzado el objetivo, conviene asegurarse de mantener el colchón de emergencia intacto, utilizándolo únicamente en caso de verdaderas emergencias financieras.

En resumen, construir un colchón de emergencia adaptado a los ingresos y a la situación familiar implica evaluar los ingresos y los gastos, establecer un objetivo realista y crear un plan de ahorro.

Siguiendo estos pasos estaremos fortaleciendo nuestra seguridad financiera y podremos afrontar con mayor tranquilidad cualquier imprevisto que se presente en el futuro.

En cuanto al que yo denomino colchón de imprevistos diarios, una vez formado el de emergencia, sería un dinero que tendremos en liquidez, de unos dos o tres meses de gastos, que utilizaremos realmente cuando tengamos alguna avería (como cuando se estropea un electrodoméstico), dispondremos de ese dinero para comprar otro nuevo, sin necesidad de pagar intereses por aplazamiento de pagos). En realidad, lo podemos utilizar para tantas cosas como se nos ocurra: un viaje caro que de repente surja, un curso, una afición nueva, etc. y no tengamos que endeudarnos por ello. Una opción muy inteligente es utilizar este dinero para nuestra formación, para poder mejorar laboralmente y así aumentar nuestros ingresos.

Aún nos queda otro paso, pero no por ello menos importante: ¿dónde decidimos tener ambos colchones? Tendremos en cuenta que prima la liquidez, pero con la mayor seguridad posible (con el dinero de los colchones mejor no invertir). Con esta premisa se me ocurre:

  1. Cuentas de ahorro: Actualmente, en verano del 2023, disponemos de cuentas remuneradas, especialmente en bancos online o “neobancos”. Estas cuentas suelen ofrecer una rentabilidad mínima desde el 1% hasta 2,5% TAE*, incluso algún banco online ya supera esa rentabilidad, y suelen ingresar los intereses cada mes, lo que asegura la disponibilidad inmediata de los fondos en caso de emergencia.
  1. Depósitos a plazo fijo: Otra opción es colocar en depósitos a plazo fijo el dinero del colchón. Estos depósitos ofrecen una tasa de interés fija durante un periodo determinado. Normalmente la mayoría suelen ser a tres, seis y doce meses y se puede conseguir una rentabilidad mayor que la de las cuentas remuneradas. Actualmente está entre el 2,5 y 3,5% TAE*. Una diferencia para tener en cuenta frente a las cuentas remuneradas es que tendremos que esperar al vencimiento para cobrar el interés: podremos disponer del capital depositado antes de vencimiento, pero pueden penalizarnos. Normalmente la penalización consiste en perder los intereses o la parte proporcional al vencimiento de éstos.

Habrá quien sea más arriesgado y pondrá parte o incluso todo el dinero del colchón de emergencia en fondos monetarios por ser muy seguros, aunque yo no lo haría, ya que dichos fondos entran en la categoría de inversión, por mucho que sean los fondos más conservadores del mercado.

De ellos hablaremos en el siguiente artículo, en el que trataremos de ver tanto en qué consisten como su funcionamiento. Desmenuzaremos un poco los depósitos y los fondos monetarios, los últimos por ser los fondos de inversión más conservadores, aunque no por ello exentos de riesgo y por lo tanto de potenciales pérdidas.

*TAE: (Tasa Anual Equivalente) es un indicador financiero que se utiliza para calcular el costo o rendimiento efectivo de un producto o servicio financiero durante un año, es decir, interés anual.

Recordar leer el Disclaimer o descargo de responsabilidad que figura al principio del texto.

Nos vemos pronto…